LA PROCESIONARIA DEL PINO.
UN PELIGRO PARA NUESTRAS MASCOTAS

Durante el verano, la mariposa de la Thaumatopea, pone los huevos sobre las agujas del pino, y aproximadamente al mes, salen las larvas que empiezan a alimentarse y a construir sus nidos. Durante su vida sufren cinco mudas. Al llegar el invierno construyen el verdadero nido. Suelen estar en las ramas más altas de los pinos y en dichos nidos puede haber hasta 300 orugas, pudiendo resistir temperaturas de hasta -12ºC.

  

Cuando el clima se hace más suave y se alcanzan los 10ºC, las orugas empiezan a salir del nido y a bajar por el tronco con su típica forma de hilera.

Cuando la temperatura aumenta, se entierran en el suelo y pueden permanecer ahí durante años. Normalmente, las mariposas nacen entre julio y agosto, son nocturnas y apenas viven 24 horas, tiempo que utilizan para aparearse y colocar de nuevo sus huevos en las hojas de los pinos para así comenzar de nuevo el ciclo.

CONTAGIO

El contagio puede ser directamente con la oruga o por contacto con un nido que se haya caído, ya que en el exterior del nido hay pelos urticantes de las mismas orugas.

A los animales, especialmente a los perros, les llama la atención la hilera en movimiento formada por las orugas. Si llegan a chuparlas o a tocarla con el hocico, se desencadena una respuesta inflamatoria en el animal que puede llegar a necrosar parte de la lengua y los labios. El problema se complica si el animal ingiere alguna oruga.

El tóxico que produce la reacción es una haloproteina llamada traumatopeina, esta sustancia sobre la piel intacta no actúa, necesita que el pelo se clave primero en la piel, dicho pelo actúa como un arpón y contiene una pequeña ampolla de tóxico que al clavarse en la piel se libera, produciendo la reacción histamino-liberadora. El perro suele ser el más afectado, ya que el gato es más cauto.

SÍNTOMAS

El signo más característico en una inflamación edematosa de la lengua, labios y de la cabeza en general. El animal en principio muestra una gran excitación, presenta un tremendo dolor y se intenta rascar el hocico babeando exageradamente.

Si el contacto ha sido con la lengua hay una gran inflamación y sialorrea abundante que pasado unos días va disminuyendo. Posteriormente se produce una necrosis de la zona con un aspecto verdoso al principio, luego va adquiriendo un tono negruzco hasta que al final cae el trozo de lengua. Durante éste periodo que dura unos 15 días, el animal no puede alimentarse. Dependiendo de la gravedad de la lesión habrá que alimentarlo con comida líquida, con sonda o con suero intravenoso.

Un mayor peligro existe si el contagio ha sido a nivel de la laringe, ya que la inflamación puede llegar a asfixiar al animal. En estos casos hay que realizar una traqueotomía de urgencia.

Puede haber también choques anafilácticos por contactos sucesivos con la oruga con temblores musculares y muerte del animal.

TRATAMIENTO

Debe ser atendido con la mayor rapidez por un veterinario. Éste colocará una vía para la administración de los medicamentos intravenosos que irán encaminados principalmente a detener el proceso inflamatorio desencadenado por el contacto con la toxina. Posteriormente, tras anestesiar al animal, se hará una buena limpieza de toda la zona que ha entrado en contacto con la procesionaria y se eliminaran los restos de pelos urticantes clavados en el animal.

La gravedad del proceso va a depender en gran medida del tipo de contacto que haya tenido el animal con la oruga y del tiempo transcurrido desde que comienzan los síntomas hasta que es atendido de urgencia.

PREVENCION

En primavera hay que evitar que los perros paseen en pinares donde se observen nidos o hileras de procesionarias. Si en nuestro domicilio existen pinos con nidos, podar las ramas y quemar los nidos para evitar la eclosión de las larvas.

Aunque las orugas tienen enemigos naturales como los virus, las bacterias, coleópteros del género Calosoma y pájaros como el Cuco, la suma de ellos no producen una mortalidad superior al 60%.

Como métodos artificiales se han utilizado inyecciones de petróleo en los nidos, insecticidas biológicos y químicos, feromonas que atraen a los machos hasta una trampa, insecticidas en el tronco de los árboles para evitar la bajada de las orugas, etc.